Evangelización
La proclamación del Evangelio de Jesucristo es una dimensión fundamental del PERLA y su eje transversal. Desde nuestros orígenes, el Fundador y los primeros Hermanos, hicieron de la escuela un medio de salvación, donde la proclamación del Evangelio ocupaba un lugar central. Hoy, como lasallistas en América Latina y el Caribe, somos llamados a ser protagonistas de la buena nueva del Evangelio a través de nuestra misión educativa.
Proclamar el Evangelio de Jesucristo en el contexto actual de América Latina y el Caribe significa:
- Reconocer las "semillas del Verbo" presentes en las tradiciones y culturas de nuestros pueblos.
- Considerar a Jesucristo como la plenitud de la revelación de Dios, un tesoro incalculable, la perla preciosa (Mc 13, 45-46), el Verbo de Dios hecho carne, camino, verdad y vida de los hombres y mujeres, a quienes abre un destino de vida en plenitud.
- Confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para América Latina y el Caribe.
- Favorecer la relación entre fe y vida en lo personal, comunitario y socio-cultural.
- Vivir como Iglesia samaritana, iluminada por Cristo (Lc 10,25-37), a través del imperativo de hacernos prójimos de los pobres, migrantes y excluidos, que hoy no son sólo "explotados" sino "sobrantes" y "desechables" (Documento de Aparecida, 65).
- Fomentar el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico.
- Considerar la opción preferencial por los pobres implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (Documento de Aparecida, 392).
- Denunciar las situaciones incompatibles con la buena nueva del Evangelio de Jesucristo.
- Valorar la Sagrada Escritura como medio privilegiado de encuentro con Jesucristo, particularmente a través de la Lectio Divina.
- Configurar itinerarios formativos diversificados, respetuosos de los procesos personales, comunitarios y culturales que sean graduales y continuos.
- Formar comunidades inspiradas en la práctica de Jesús que hagan visible el amor y la fraternidad (Jn 13,35), en una realidad cada vez más plural, a través de la promoción de la justicia, la fraternidad, la reconciliación y la solidaridad.
- Considerar a los niños y niñas, predilectos del Reino de Dios, destinatarios de una acción prioritaria, teniendo en cuenta particularmente su vulnerabilidad.
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